Puyas de Raymondi

La puya al descubierto


A su paso por Áncash en pleno siglo XIX, el famoso naturalista italiano Antonio Raimondi se quedó admirado ante una planta de aspecto áspero que vio sobresalir sobre el páramo andino. 


Así describiría su hallazgo en el Tomo I de su libro El Perú: “En la falda de los cerros, en la banda izquierda de la quebrada (de Cashapampa), se observan, en un terreno casi desnudo de vegetación, unas grandes matas con hojas espinosas en los bordes, en medio de las cuales se levanta un gigantesco tallo cubierto en casi toda su longitud de apiñadas espigas de flores”.


Dicha planta ya había sido observada antes, en 1830, por el científico francés Alcide d'Orbigny. Sin embargo, fue Raimondi quien, en 1874, le asignó su nombre científico y la clasificó con la denominación científica Pourretia gigantea (nombre que conserva hasta la actualidad).


En 1928, el botánico alemán Hermann Harms la rebautiza con el nombre de puya Raimondi, en honor a su primer estudioso.

 

Hábitat natural


La puya solo crece en zonas con altitud mayor a los 3200 m s. n. m. Es por eso que Titankayocc -ubicada arriba de los 3100-, se erige como un lugar ideal para la conservación de esta especie representativa de los andes peruanos.


En 2010, esta zona fue designada como un área natural protegida por el Gobierno peruano. Desde entonces, diversas entidades como el Congreso de la República, el Gobierno Regional de Ayacucho, Cáritas de Ayacucho y el Fondo Ítalo-Peruano, hacen esfuerzos conjuntos para proteger este ecosistema.


La idea es que se mantenga a lo largo del tiempo como un destino ecoturístico.


Atrás quedaron los tiempos en que los lugareños talaban y quemaban estas plantas. Hoy en día, existen campañas de concientización con el fin de proteger la flora y fauna de Titankayocc, las cuales han permitido que los niveles de depredación disminuyan considerablemente.